Era martes en la noche cuando, por la ventana del ómnibus,
se imponía el paisaje de la ciudad de
Campana. La primera sensación al llegar fue la de no saber por dónde comenzar.
Más de 80 chicos de toda Argentina fuimos seleccionados para unas prácticas
educativas en una multinacional muy reconocida. Eso, para cada uno, era como
ser el príncipe Arturo y tener el desafío de quitar la espada en la piedra.
Los chicos de Campana y los sándwiches en
la inducción.
Una gran
experiencia fue realizar el proceso de inducción a la empresa. Charlas, debates
y resolución de problemas fueron las actividades más relevantes. Si bien los días
eran intensos, también muy provechosos. De ellos expongo las siguientes
reflexiones:
·
Una acción clave
(cuando lo requiera) es la de trabajar en equipo con sencillez, humanidad y
predisposición.
·
Fijarse objetivos
claros es muy importante. Deben ser metas razonables y con tareas específicas, lo
que permite desarrollar un avance paulatino en
el plazo requerido y de la mejor manera.
·
El límite
somos nosotros mismos y lo que estamos dispuestos a hacer para crecer de manera
personal y profesional.
·
Aclarar cada
conducta o explicación con material visual o audiovisual, es de excelente utilidad (y puede derivar en videos de
bloopers muy delirantes).
Continuando con la
semana, la relación con mis compañeros de verano es cada vez
mejor. Tardes de deportes en el club, invitaciones a rondas de mate y juego de
cartas, son algunos de los elementos que van formando un grupo de calidad.
Rescato la actitud
de cada uno de acompañar y compartir, y felicito virtualmente a los cocineros
por la abundante cena del miércoles.
Hamburguesas No Diet para los practicantes.
Para terminar, los
primeros días de la práctica fueron muy tranquilos: conocí a mis compañeros de trabajo y la estructura del lugar. El
equipo laboral me recibió muy bien y tengo la seguridad que cada día voy a
estar más cómodo.
El desafío es
grande, y la oportunidad, inigualable.


No hay comentarios:
Publicar un comentario